Días 875 a 879 (7 al 11/4/3/2012): La piedra de los sacrificios

Xavier es un jubilado francés que vive desde hace 10 años en Ua Pou, el día anterior se acercó al barco a nado, todas las mañanas y las tardes practica sus ejercicios en la bahía de Hakahau. Durante la conversación nos propuso llevarnos en su coche a recorrer la isla, lo que nos pareció una excelente idea, puesto que tanto Jose Carlos como yo seguimos con heridas en los pies que están costando demasiado de curar.

El sábado por la mañana nos recogió cerca del embarcadero, y el primer desafío del día fue conseguir meternos los 4 en el pequeño automóvil, Hugo y yo, que íbamos en el asiento posterior, hicimos todo el viaje con los pies por fuera para poder caber, aprovechando el hueco del inexistente cristal trasero.

A medida que nos alejábamos del pueblo, y ascendíamos la montaña, el paisaje era muy diferente, curioso como la perspectiva cambia completamente el escenario y la composición, no es lo mismo ver las montañas desde el mar, que el mar desde las montañas. En este caso podéis comprobarlo a la vez que me leéis, puesto que las fotografías están subidas a la web, dentro del último álbum (he añadido varios).

Habíamos leído que Ua Pou era una isla árida, pero no estoy para nada de acuerdo, en cuanto comenzamos a recorrer el camino de tierra que la atraviesa, jungla y espesa vegetación nos rodeó. Ya os he mencionado la frondosidad de estas islas volcánicas, que sumada a su elevada humedad da como resultado una fertilidad que llama la atención, por todos lados hay árboles, palmeras y frutales permanentemente repletos.

Fuimos parando en los lugares desde los que se divisan las mejores vistas, Xavier los conoce bien, y tras un par de horas de saltos en el interior del vehículo y elevadas pendientes llegamos a un antiguo centro ceremonial restaurado recientemente.

La primera impresión es de un lugar de celebraciones, con sus techos de paja alrededor de un patio central, diversos tikis (estatuas de piedra) y ornamentos, etc. Cuando conoces su historia te das cuenta de que no era algo tan lúdico.

Los ancestrales polinesios que habitaban Ua Pou se distribuían en los tres valles existentes, cada uno de ellos concentraba a un grupo tribal, y por lo que parece no se llevaban muy bien, las guerras eran habituales. En los centros ceremoniales se llevaban a cabo los preparativos al combate, y cuando acababan eran el escenario de la ignominia que le sucedía.

Los prisioneros de las batallas eran conducidos a este tipo de lugares sagrados, se convertían en los tristes protagonistas de un ritual espeluznante. Todo comenzaba con las danzas de los guerreros en el patio, al son de enormes tambores. Mientras tanto el público contemplaba el espectáculo, sentados cómodamente bajo los techados.

En el momento álgido los maestros de ceremonias conducían a los pobres desgraciados que habían tenido la mala suerte de ser capturados a una piedra que todavía mantiene su posición original, allí eran sacrificados y posteriormente canibalizados por los presentes.

Por mucho que trates de contemplarlo como un observador lejano y atemporal, las escenas se suceden en tu mente, y si tienes mucha imaginación y te fijas, casi puedes recrear la orgía de sangre y gritos que debía ser aquello.

Lo que más me impresionó fue la piedra, ubicada estratégicamente en una esquina de la explanada, de modo que la acción sea perfectamente visible tanto para participantes como para espectadores. Su forma plana y elevada recuerda a un altar, pero fue un patíbulo. Su superficie está llena de hendiduras, en cada una de ellas imagino al menos una muerte, hendiduras de sangre y mutilación, hendiduras de dolor, hendiduras hechas al devorar seres humanos… jamás las grietas de una roca me había puesto los pelos tan de punta…

No quiero demonizar a los antiguos polinesios, puesto que todos los pueblos hemos tenido nuestras etapas de barbarie y rituales espeluznantes, pero cuanto más conozco, más leo y más escucho, más claras tengo las dos caras de esta cultura. Por un lado eran tranquilos, hospitalarios, generosos y con unos valores humanos muy arraigados. Sin embargo, cuando la presión demográfica era excesiva, los recursos escaseaban o surgía un conflicto con otro grupo tribal, de una forma natural eran capaces de las mayores barbaries imaginables, son las dos caras de la misma moneda.

Independientemente de los detalles macabros, los tikis, la ornamentación y las tallas son realmente elaborados. Destaca un ave tallada solidariamente a un tronco cuyas raíces lo siguen aferrando al suelo, el artesano que lo elaboró solo tuvo una oportunidad, igual ver la piedra al lado fue una buena motivación para no fallar y decepcionar al gobernante. Nos hizo mucha gracia un tiki que bautizamos como “el trípode”, no tenéis más que ver la foto para entenderlo.

Continuamos camino hasta llegar a la bahía de Hohoi, donde comimos en una preciosa y solitaria playa de piedras. Al regreso Xavier nos invitó a tomar café en su casa, situada en un punto elevado tiene unas preciosas vistas a Hakahau.

Al día siguiente decidimos cambiar de entorno, levamos ancla y nos dirigimos a la playa de Hakanahi, se ubica en el Noroeste, dentro de una zona sin cartografiar. Allí acuden las tortugas a desovar (un maravilloso espectáculo del que pudimos disfrutar en la isla de Henderson) y grandes tiburones a darse un banquete sin mucho esfuerzo. Con muchísima precaución fondeamos frente a la arena blanca del deshabitado santuario natural.

Tras otear el horizonte, y no divisar ninguna gran aleta ni caparazón, la curiosidad pudo más que el respeto y me zambullí en el agua cámara en mano. Recorrí todo el perímetro, pero no vi nada más allá que los peces habituales en este océano y grupo de islas. Por la tarde, dado que no acudió a la cita ninguna de nuestras orondas amigas, zarpamos rumbo a Nuku Hiva.

Llegamos bien entrada la noche a Taiohae, centro administrativo y económico de las Islas Marquesas, una capital de 1.700 residentes, en la que nos hemos podido aprovisionar razonablemente bien de comida y sobre todo de gasoil, desde Isla de Pascua que no conseguíamos, nuestras reservas estaban ya en las últimas.

Jose Carlos y yo hemos bajado poco del barco, por las heridas en los pies, aunque tengo que deciros que van muchísimo mejor, nos resistíamos, pero llegó un momento en que consideramos necesario tomar antibióticos, de otro modo no había forma de avanzar en su curación, estaban permanentemente infectadas. Estamos acostumbrados a tener permanentemente cortes y heridas, es lo habitual en una Aventura así, y normalmente no tenemos ningún problema, pero en la zona parece que hay mucho estreptococo, de modo que la curación y cicatrización es mucho más compleja, tenemos referencias de amigos navegantes que han tenido problemas serios.

Allí hemos permanecido hasta esta mañana, fondeados en la amplia bahía, con temperaturas bastante elevadas (por encima de los 33ºC) y escasa brisa, todo ello más los antibióticos incitaba más a la somnolencia que a mucha actividad.

En estos momentos navegamos rumbo 227º al archipiélago de las Tuamotu, a las 11 horas GMT del día 12 llevamos recorridas más de 60 millas, un viento del Este de unos 10 nudos de intensidad nos permite navegar a vela a un largo, con velocidades entre 5 y 8 nudos, depende de las rachas. Nuestra posición es 09º 35′ S, 140º 49′ W.

Estimamos navegar durante 3 días hasta llegar al primer atolón en el que pararemos, muy probablemente Ahe. Así pues, los siguientes días van a ser puro mar, que tampoco está nada mal, a ver si con un poco de suerte pescamos que nos apetece pescado fresco, os lo voy contando.

Sed felices.

Kike

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