Días 1.095 a 1.100 (13 al 18/11/12): Entre jefes y tribus…

Las Islas de la Lealtad fueron declaradas reserva indígena por el gobierno francés en 1899, el 99% de sus habitantes son Kanak (como se autodenominan los nativos, palabra que proviene de kanaka, que significa «humano»), en ellas imperan las antiguas costumbres y el modo tradicional de vida.

En una entrada anterior del blog ya hice referencia a los enormes contrastes que se aprecian en Nueva Caledonia, mientras Noumea (la capital) es una gran urbe al estilo europeo, hasta con la misma señalización que en Francia, pocos kilómetros más allá el escenario cambia radicalmente y se entra en los dominios de un pueblo melanesio orgulloso y feroz defensor de su historia e identidad. Estas diferencias tienen una de sus máximas expresiones en el grupo de la Lealtad, con cuatro islas principales situadas a unos 100 Km al Este de Grande Terre.

El martes de madrugada fondeábamos frente a la bahía de Gaatcha, al Sur de la gran bahía de Santal, al Oeste de la isla de Lifou. Con un poco de precaución conseguimos encontrar un lugar adecuado en medio de la oscuridad de la noche.

Lifou es el mayor atolón coralino elevado del Pacífico, de dimensiones muy superiores a Niue, la isla-estado de igual origen geológico que visitamos meses atrás. Esto condiciona enormemente su orografía, aunque en este caso si existe alguna playa, y que playas, una auténtica preciosidad de arena blanca salpicada de rocas con la vegetación tratando de ganarle terreno. El turquesa de sus aguas es uno de los más intensos que he visto jamás, otro lugar de postal que se guardará en mi recuerdo, os lo demostraré con imágenes en cuanto pueda subirlas.

Gente realmente amable sus habitantes, muy acogedores nos ayudaron en todo momento para cualquier cosa. La mayoría cultivan sus propias frutas y hortalizas en el jardín, la vivienda por excelencia es el «case», una especie de choza con techo cónico fabricada a partir de troncos y recubierta de hoja de cocotero. Resulta curioso ver como en ocasiones las familias disponen de viviendas modernas adyacentes a las «case», pero insisten en que se sienten más cómodos en las tradicionales.

Cerca del lugar en que anclamos el Bahari existe un arrecife aislado, un pequeño parche de apenas 100 metros de diámetro. Fruto del sol y las corrientes el coral crece allí de forma exuberante, y los peces van donde hay buen coral. Pudimos disfrutar de unas estupendas inmersiones, en el que nuestro principal problema fue tal claridad de aguas e intensidad de sol que dificultaba la fotografía submarina. Por primera vez pude apreciar los huevos de un pez payaso, una semiesfera rojiza con infinidad de bultitos en su superficie, cada uno de ellos un futuro alevín de pez payaso, en un estado de desarrollo superior se llega a ver hasta los ojos de los nonatos.

Un par de días después zarpamos rumbo Ouvéa, la más tradicional y remota de las Islas de la Lealtad, un atolón coralino con tierra elevada concentrada en la mitad Este y en cuyo interior existe una interminable playa de arena blanca que envuelve el lagoon, una escena típica de isla paradisíaca del Pacífico Sur.

Ouvéa es uno de los puntos más calientes de las tendencias independentistas patentes en toda Nueva Caledonia. En 1988 tuvo lugar allí una masacre que permanece en el recuerdo, 16 gendarmes fueron capturados y retenidos como rehenes por los «guerreros de la libertad Kanak», las fuerzas de élite francesas tomaron al asalto la cueva en que se escondían, matando a 19 de los nativos, desde entonces Ouvéa es un símbolo del martirio y la heroica resistencia del pueblo Kanak frente al colonialismo.

Como españoles, y con la convicción de respetar sus costumbres no teníamos nada que temer, aunque hay gente que considera que es un lugar no seguro, desde luego esa no ha sido mi impresión.

Paramos primero frente a Fayaoue, una de las principales poblaciones. Nuestro objetivo era buscar al Jefe de la isla, pedirle permiso para recorrer sus aguas y cumplir con la tradicional «coutume», nombre por el que se conoce el acto de la ofrenda de un pequeño regalo (normalmente un paquete de tabaco o un billete pequeño envuelto en un pareo) al solicitar un favor o estar agradecido por algo.

Sabemos de barcos que han tenido serios problemas con los nativos por no cumplir con sus tradiciones y mostrar un estricto respeto. Para ellos es una ofensa, es como si alguien se mete en tu casa y se sirve de tu nevera sin pedir permiso, y si no respetas su código de atuendo es como si además lo hicieras desnudo.

Allí aprendimos que en la isla hay varias tribus, cada una de ellas con su jefe, el Norte es de origen étnico polinesio (procedentes de una invasión desde Wallis en el siglo XVIII), el centro y Sur son origen melanesio, incluso hablan lenguas diferentes incomprensibles entre sí.

Nos dirigimos a la «Jefatura» (chiefferie), una amplia cabaña sin paredes construida con troncos y hojas. Al vernos llegar ni siquiera preguntaron, prepararon unos asientos y nos indicaron que el Jefe nos atendería en breve. Apareció un hombre mayor, de facciones trabajadas por la intemperie y mirada cálida, su sonrisa delató que no íbamos a tener muchos problemas. Con muchísima humildad y respeto me dirigí a él en francés, pidiendo permiso para fondear en su costa, bucear en sus arrecifes, tomar fotografías y pescar justo lo necesario para comer. Orgulloso, solemne y satisfecho por nuestra pleitesía accedió sin dudar, especificando cuáles eran sus dominios por los que podríamos movernos sin problema, sin embargo, dos de los lugares que queríamos visitar pertenecían al Norte, por lo que tendríamos que desplazarnos a Saint Joseph para pedir permiso allí.

Tras disfrutar un poco de las espectaculares playas continuamos camino al Noreste del Atolón y fondeamos frente a la iglesia, donde nos habían indicado. Nuestros primeros encuentros al desembarcar nos hicieron intuir que esta vez las cosas no iban a ser tan fáciles, nos recriminaron enérgicamente no haber usado sus boyas de fondeo en lugar del ancla. En realidad ni las había visto ni lo sospechaba, echamos el hierro mucho más lejos de costa dado que se trata de aguas muy bajas, cuando la sonda llegó a 4,5 metros y sin una cartografía precisa es lo que me indicó el sentido común. Así se lo explique, pero comunicarse con los Kanak no es fácil, a pesar de que mi francés es fluido su forma de expresarse es muy particular, parece que no te escuchen, repiten insistentemente lo mismo una y otra vez, no hablan claro y su vocabulario es más bien primitivo.

Tras tener que dar explicaciones a casi todo aquel con quien nos encontrábamos, unas cuantas sonrisas a pesar de todo, y un poco de tiempo, conseguimos sentarnos frente al Jefe. No puso pegas a nuestras peticiones, insistió en que nuestra pesca debería limitarse a nuestro consumo, y nos especificó que los motu del Norte en que queríamos bucear pertenecen a una tercera tribu, pero no es sencillo contactar con ella, viven en la selva a 6-10 kilómetros de distancia sin medios de transporte para llegar allí.

No hubo una respuesta clara a la pregunta sobre el modo de conseguir el permiso de esta tercera tribu, todo fueron cambios de tema, evasivas e insistir en los dominios que les pertenecían. Tan complicada fue la comunicación que decidimos regresar al barco, cambiar el fondeo e ir a la boya (por si eso influía) y regresar al día siguiente para conseguir el beneplácito, si era necesario caminaríamos la distancia hasta la población.

De igual forma que cambió el día cambiaron sus reparos, por la mañana ya no había ningún problema, podíamos ir donde quisiéramos, no era necesario contactar con la otra tribu, incluso nos invitaron a ver y tomar fotografías de cómo estaban construyendo una nueva «casa común», la gran cabaña sin paredes en que se reúne la tribu para parlamentar, normalmente situada al lado de la jefatura. Todo un ejemplo de trabajo en equipo, cada hombre y mujer tiene una función, son capaces de construirla en dos días, impresiona ver lo que son capaces de hacer con unos troncos y hojas de palmera, y nos garantizaron que dentro no hay ni una gotera.

Con la tranquilidad de poseer todos los permisos y bendiciones de los Kanak, así como su simpatía, hemos pasado unos días recorriendo distintos motu e islas de la zona. El mar ha sido generoso con nosotros, desde que salimos de Noumena prácticamente nos hemos alimentado de él, en nuestro menú: atún, mahi-mahi (llampuga), peces de arrecife, cangrejos, langostas, etc.

De entre los lugares en que hemos estado hay uno que brilla con luz propia, el pequeño atolón de Beautemps-Beaupré, situado a 10 millas al Noroeste de Ouvéa. Desierto y completamente virgen es un lugar sagrado para los nativos, incluso fue lugar para el descanso de sus muertos. No hay forma de llegar (salvo barco privado) ni muestras de civilización alguna. Una minúscula zona entre un arrecife y un islote conforman el único punto de fondeo abrigado, el entorno es idílico, naturaleza en estado puro.

En sus aguas hemos visto la mayor concentración de tiburones desde que abandonamos Polinesia, puntas blancas y grises, e incluso un tiburón toro de tamaño mediano, muy peligroso cuando crezca un poco más. Buceo, pesca, barbacoas en la playa, recolección de cocos y disfrute de un entorno incomparable, estas han sido nuestras principales ocupaciones durante unos días de vida como robinsones.

Con las últimas luces del día hemos zarpado rumbo a Poindimié, en Grande Terre, se acerca el momento de recoger el nuevo compresor, realizar los trámites de salida y continuar camino hacia Vanuatu.

Sed felices

Kike

7 Comments

  • Eso de en una misma isla, tres etnias diferente, parece enemistades tribales antiguas. Me alegro de que podais disfrutar, de esas aguas tan trasparentes y te permita tomar fotografias, que luego disfrutaremos nosotros tanbien . Espero que disfruteis pronto del nuevo compresor. Un abrazo muy fuerte.

  • Hola! Enrique, ya hace días que no te hacíamos ningún comentario, nos alegra mucho que os encontréis bien y que sigáis disfrutando de esas maravillas que existen en otros lugares del planeta; esperamos que por ahí no tengáis el mismo sin vivir que tenemos por aquí con la maldita crisis, de la que ya estamos bastante hartos, a ver si es verdad que para el próximo año esto empieza a cambiar. Bueno lo dicho que continuéis lo mejor posible y que sigas describiéndonos esos parajes tan increibles. Un abrazo muy fuerte para todos.

  • Primo, este ha sido un extenso y completo relato (muy interesante … como siempre), ya tenemos ganas de que nos envies fotos de estas islas ó de lo que sea.
    NOTA: …. y ahora a recoger el nuevo «dichoso» compresor…

  • Hola Kike,
    Me encanta tanto leer otra vez sus aventuras etnograficas y oceanograficas, a las quales nos habias acostumbrado por el pasado. Asi disfruten del mundo Kanak….. y buena travesia a Vanuata…..
    Abrazo,
    Francis

  • Hola Kike,
    Me encanta tanto leer otra vez sus aventuras etnograficas y oceanograficas, a las quales nos habias acostumbrado por el pasado. Asi disfruten del mundo Kanak….. y buena travesia a Vanuata…..
    Abrazo,
    Francis

  • Hola Kike, impresionante lo que nos cuentas,ya estoy deseando ver las fotos de esa isla, de sus playas,su fauna marina y sus puestas de sol,como siempre nos sorprenderàs, en eso eres ùnico.me alegro de que todo marche bien y tengas pronto el compresor,ah!! los tiburones..jajajajaja tendremos fotos de nuevos ejemplares…bien!!!! un abrazo enorme y buena travesia

  • hola chicos…. seré breve… y con perdón.
    ¡Puta envídia que os tengo! Seguid disfrutando y buena próa.
    Con afecto, otro afectado por «la crisis española»
    Un fuerte abrazo.

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