Días 1.402 a 1.405 (16 al 19/9/13): Praia de Tofo y las ballenas que cantan

A las 5 de la madrugada del lunes subía a la chappa (furgoneta) que realiza el trayecto hasta la playa de Tofo, situada a algo más de 400 kilómetros al Norte de Maputo, es el único transporte público y el medio de locomoción usado por los nativos.

La primera sorpresa fue que el conductor no se pone en marcha hasta que el vehículo no se llena, pacientemente esperamos el goteo de viajeros que no culminó hasta las 7:20 de la mañana, en aquel momento ya tenía las piernas adormecidas del incómodo asiento, tragué saliva al pensar que por delante me aguardaban más de 7 horas por una carretera no siempre en buen estado.

Mientras amanecía, la especie de nodo de comunicaciones terrestres en que estábamos parados (Junta) se convirtió en un hervidero de personas cargadas con los objetos más inverosímiles y ataviadas con coloridas telas. Los vendedores ambulantes insistían una y otra vez para que comprara pan, agua, fruta o electrónica simple como una radio o una linterna.

En África la maternidad no condiciona la actividad diaria de la mujer, las criaturas de apenas días se convierten en una especie de apéndice unido al cuerpo de su progenitora mediante un gran pañuelo a modo “bolsa de canguro”. El niño se agarra como un “monito” y se busca la vida para mamar solito por muy pequeño que sea, mientras la madre mantiene la movilidad en ambos brazos y sigue arrastrando pesados fardos o levantando cestas para comerciar con transeúntes.

Creyéndome muy listo me senté en uno de los asientos de la fila individual, tras hacer un rápido quiebro del asiento doble en el que estaba al ver dirigirse hacia mi posición a una oronda mujer cuyo trasero, al menos, triplicaba el mío. Mi gozo en un pozo cuando vi que a medida que se llenaban las plazas despliegan unas sillas en los pasillos, al final todo el mundo viaja compartiendo por igual un espacio que se aprovecha al milímetro.

Mi vecina de asiento llevaba una gallina entre las piernas, dos gigantescos barreños encajados sobre las rodillas, una bolsa bajo el asiento y alguna pertenencia más distribuida por la furgoneta, a pesar de ello me sentí privilegiado, había gente que iba mucho peor.

El bebé de apenas un mes de la fila de atrás comenzó a llorar, su madre lo tuvo que cambiar porque se había ensuciado, el espacio es tan reducido que cabeza y pies reposaban sobre los compañeros de asiento de ambos lados, nadie se quejó, y si algo rompió la impasividad de contemplar un hecho biológico natural fue una leve sonrisa de complicidad. Creo que fui el único que abrió un poco la ventanilla para que entrara un poco de aire fresco y diluyera el penetrante olor.

Mientras tanto, a mí alrededor se deslizaban paisajes de la sabana africana, tierras con elevaciones muy suaves salpicadas de árboles casi secos, vegetación baja teñida de ocre por estar casi al final de la estación sin lluvias, escasos cultivos, chozas circulares de pared de adobe con techo de paja…

Llegamos a nuestro destino, hay gente que desde el inicio del viaje ni se ha movido, mientras que yo he tenido que ponerme de pie sobre mi asiento y estirarme cada cierto tiempo, el africano es duro, resistente y paciente. La chappa hace también de mensajero distribuyendo bultos en algunos puntos del recorrido, sus receptores no saben cuándo llegará porque no hay horario fijo de salida, no hay problema, sencillamente se sientan en el suelo bajo la sombra de un árbol y esperan tranquilamente las horas que haga falta.

Tofo es un pueblecito de playa con calles de arena y un incipiente desarrollo turístico por la belleza de sus paisajes, el carácter relajado del lugar, las olas y sobre todo la espectacular vida marina; muchos lo consideran la capital del buceo en Mozambique, aunque eso es mucho decir.

No tengo nada reservado, aunque si algunos contactos, en un par de horas organizo dos inmersiones para el día siguiente y encuentro un lugar donde dormir, no hay lujos, todo es más bien bastante hippie y tranquilo, apenas hay turistas.

La playa es una inmensa franja de arena anaranjada, en sus extremos gigantescas dunas ya consolidadas con vegetación sobre ellas, me recuerda al paisaje del Norte de Brasil.

La jornada empieza muy pronto, hay que aprovechar las primeras horas de la mañana para bucear, cuando la visibilidad es mejor y el viento todavía no se ha levantado. Durante la navegación hacia el punto de inmersión divisamos varias ballenas, la zona está plagada, es el lugar y la época del año correcta.

Ya con la lancha parada, mientras nos equipábamos para sumergirnos, una inmensa ballena jorobada emergió a nuestro lado, tan cerca que pensé que nos iba a volcar, su enorme tamaño y grave resoplido me desconcertó, he visto muchas ballenas, pero nunca había tenido una tan grande al alcance de la mano.

Desde que metí la cabeza bajo el agua escuche la melodía que me acompañaría durante los siguientes días: el canto de las ballenas. El medio acuático es un excelente conductor del sonido, por ello se puede oír con nitidez la forma de comunicarse de cetáceos situados a distancias considerables. En la orquesta muti-timbre se podía distinguir a los distintos individuos, especialmente a las crías, con un tono más agudo. No es estridente, es más bien acogedor, no inquieta, transmite paz. Al principio puede pasar desapercibido, pero una vez sintonizas con él ya no hay forma de sacártelo de la cabeza, no sé lo que dicen, pero si dejo mi mente en blanco y sencillamente lo percibo casi lo puedo imaginar, se llaman para saber donde están, la madre le transmite instrucciones a su vástago, él replica curioso y excitado por el nuevo universo que está descubriendo…

Inmensos bancos de peces deambulan sobre el arrecife que exploramos, un mero que me dobla en tamaño se cruza frente a mí con la tranquilidad de que no soy una amenaza para él, gigantescas morenas abren y cierran rítmicamente la boca con gesto desafiante, aunque en realidad no hacen más que respirar. Distintos tipos de peces escorpión y león aportan una nota de color a la numerosísima fauna de arrecife. Es una pena la escasa visibilidad, ya que en la zona abundan las manta raya gigantes y tiburón ballena, podrían estar a 15 metros de mí y no sería capaz de distinguirlas. El agua esta fría, 19ºC después de tanto tiempo buceando en las cálidas aguas del trópico es un shock.

Otro de los días Paulie, sudafricano amigo de Alexis, me invita a conocer Barra, una pequeña península rodeada de playa y dunas que se sitúa una docena de kilómetros más al Norte. Durante el trayecto recogemos a dos mozambicanos amigos suyos, llevan caminando una hora y media bajo el sol para ir a trabajar, Paulie les pregunta: ¿hoy no hay chappa?, con una sonrisa de oreja a oreja responden: -no, hoy no pasó-, no hay el más mínimo tono de enfado en su voz. No pude evitar el reírme a carcajadas cuando imaginé esa situación trasladada a otro continente, pensad en alguien que se levanta de madrugada para ir a trabajar, sin explicación alguna el transporte público no pasa, y le toca caminar diez kilómetros por un camino de arena, no sé si hay muchos que lo asumirían con esa deportividad y simpatía.

Es imposible circular por la zona sin un 4X4, aquí son una necesidad, bueno, relativa, el africano camina, es algo de lo que me he dado cuenta. En esta área no viven en núcleos de población, más bien en chozas diseminadas por cualquier lado, no disponen de medios de transporte propios y los públicos son casi inexistentes, así que sencillamente caminan lo que sea necesario, para ir a la escuela, comprar, trabajar o visitar a alguien, como antaño.

La playa de Barra, si cabe, me pareció incluso más bonita que la de Tofo. Contemplando este precioso paisaje nos adentramos en el mar para una nueva inmersión, que por supuesto pasó por el encuentro de varios grupos de ballenas, no hay más que esperar unos segundos contemplando el horizonte del mar para que sobre él destaque un surtidor tipo geiser. Bajo el agua la misma biodiversidad y grandeza que en Tofo, aunque lamentablemente también escasa visibilidad y baja temperatura.

Comida típica mozambicana, espíritu de África, gente amable y acogedora, ambiente distendido, días de paz y tranquilidad frente a la playa.

Mientras esperaba la chappa de regreso a Maputo coincidí con Mª Luz, una chica española que iba a realizar el mismo viaje, casualidades de la vida, no sólo es de la misma ciudad (Valencia), sino que además vive a escasos 100 metros de donde yo vivía, la conversación hizo las 7 horas de vuelta más agradables y llevaderas, el mundo es grande y pequeño a la vez…

Sed felices

Kike

7 Comments

  • Kike, magnífica descripción.
    Como sabes hemos vivido dos años en Africa occidental, ex-Guinea española y después Liberia. Recuerdo perfectamente la impresión que me producían las mujeres. Normalmente llevaban el bebe atado a la espalda, a veces otro delante mamando, un pequeño de la mano y los mayores caminando delante. Por si fuera poco, lo normal es que ya estuviesen embarazadas y cargando fardos en la cabeza. Esas bravas mujeres envejecidas con menos de 20 años son el sustento de ese enorme continente, y son amables……
    Un abrazo y esperando las nuevas aventuras de Mozambique.
    Ana y Jose

  • Primo, muy bonito y diverso este relato , combinando la experiencia con las ballenas y compartir viaje con las gentes del lugar. Lo que si estamos echando en falta es que nos cuentes la experiencia en el safari!!!!
    NOTA: la foto que has publicado en facebook del barco partido, nos recuerda y suena bastante…

  • Un relato muy bonito y una casualidad muy grande el encontrarse a una Valenciana en otro hemisferio y casi vecina tuya. Por lo que veo en el mapa ya esta el Bahari navegando otra vez. Un abrazo y buen viento.

  • Hola guapisimo,cuanto me alegra saber que sigues disfrutando de este maravilloso continente y de su maravillosa gente y su forma de vida ,tan esencial para ellos,eres afortunado al poder compartir al lado de ellos su forma de vida y existencia diaria.
    Como siempre me sorprendes y alucinas con tus experiencias como siempre nada comunes ,como el canto de las ballenas,que es un relato precioso y tantos mas relatos que tengo en mi mente guardados porque son una gran inspiración.
    Que tu hayas podido estar al lado de uno de estos maravillosos e inmensos seres, me sobrecoge y me hace sentir gracias a tu relato ,miedo y paz a la vez,como siempre te he dicho gracias por tus relatos ,que como siempre hacen ver que nuestra rutina no es todo,sino que me abre ojos ,mente y corazón,para seguir viendo lo maravillosa que sigue y seguirá siendo este gran viaje que es la vida.
    Has coincidido con una paisana tuya y eso te ha conectado un poco con tus origenes y tu linda gente,tu tierra y tu familia,si me equivoco ,porfa perdona .
    Guapísimos espero que sigan compartiendo el espíritu del lugar en el que estáis ……buen viaje aventureros y un abrazo muy fuerte …………Paty

  • Kike hay escenas que relatas y son muy familiares para mi, la raza africana es muy dura y el papel de la mujer es el màs importante aunque no se lo reconozcan,tienen una fuerza y un espìritu digno de admirar y lo de las ballenas es alucinante,seguro que nos vas a sorprender con alguna foto.lo dicho,tu sigue escribiendo que nosotros fascinados leyendo.gracias por estas aventuras y las que nos quedan por leer..un abrazo y buen viaje..

  • Gracias por la mención Kike ;-). Sí, la verdad que no nos echamos ni una cabezadita, esas buenas historias y reflexiones de viajero compartidas no nos lo permitieron…
    Bonitas palabras para mis admiradas mujeres africanas
    Besoss

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