Días 860 y 861 (23 y 24/3/2012): Bailando con Delfines.

Nadar con delfines siempre es una experiencia que emociona, ya lo había hecho otras veces, pero la de hoy ha sido realmente maravillosa, muchísimo más allá de lo habitual, y no sólo porque haya sido en un atolón casi perdido del Pacífico Sur, en plena Polinesia.

Primero os pongo en situación. Estamos en Pukapuka, el atolón de las Tuamotu que os mencioné como posible recalada en el anterior reporte del blog. Hemos llegado esta mañana, la navegación hasta aquí estándar, viento moderado de componente Este, con alguna encalmada o arreciando con los chubascos. Medias de velocidad muy discretas, pero navegación cómoda (entre través y un largo), poco destacable salvo por alguna preciosa puesta de sol.

El primer intento de fondeo ha resultado infructuoso, casi pegados al arrecife la sonda marcaba más de 100 metros de profundidad, no lo podíamos creer, hasta el punto que hemos pensado que fallaba. Para verificarlo usamos una segunda sonda de mano y hasta un escandallo manual, efectivamente la costa caía en vertical. Por supuesto en las cartas no aparece la batimetría (la información de profundidades), no tenemos ningún tipo de información.

Para localizar un punto adecuado tendríamos que navegar en paralelo a la isla, próximos a la rompiente, si había un posible fondeadero de ese modo lo encontraríamos.

Concentrados en dicha tarea apenas hemos remarcado la presencia de delfines a nuestro alrededor, hasta que han empezado a saltar y hacer cabriolas. Eran un montón, más de 20, y se han mostrado especialmente simpáticos y juguetones.

Tanto ha sido así, que ha llegado un momento en que no aguantaba más, y me he lanzado al agua. Su primera reacción ha sido distante, han tardado unos minutos en acercarse a mí.

Sin darme cuenta estaba rodeado por un grupo que nadaba a mí alrededor, varios se han quedado inmóviles a medio metro de distancia, me observaban atentamente…

Ha sido un momento crítico, el contacto inicial, muy suavemente, sin movimientos bruscos, sin miedo, y tratando de irradiar el máximo cariño, me he ido acercando hasta tocar al que tenía más próximo. Con mucha delicadeza le he acariciado el lomo.

No ha hecho falta mucho para que perdieran la timidez inicial, con todo desparpajo se ha dado la vuelta para que le acariciara el vientre, y el que estaba a su lado, celoso, se ha pegado a mí para recibir su parte. A los pocos segundos me faltaban manos para acariciar a tanto delfín que competía por unos mimos.

Todo se ha convertido en una fiesta, me han integrado en sus juegos, iban, venían, saltaban a mí alrededor y sobre todo buscaban mucho el roce, ¿estarían faltos de cariño? o por el contrario, ¿son tan inteligentes e intuitivos que en realidad me lo estaban dando?

Su piel es la más suave y esponjosa que haya tocado jamás. Su mirada refleja inteligencia e inocencia. Sus gestos y expresiones parecen casi humanos. Cada uno tiene su carácter: puedes detectar al más tímido (pero que en el fondo lo está deseando), al atrevido, al cariñoso, al juguetón, el celoso, etc.

Cuando te miran fijamente, con su cara a 15 cm. de la tuya, y giran la cabeza en ambos sentidos, sabes que te están preguntando algo, que rabia no hablar su idioma, porque lo tienen, bajo el agua se les oye comunicarse con toda nitidez, es más, cada uno tiene un tono diferente, llegas a reconocerlos, solo puedes pensar en lo que quisieras decirles, con la esperanza de que logren leer tu mente.

Me cuesta explicar con palabras las sensaciones que te produce estar junto a estos increíbles animales con tal nivel de conexión, de forma libre. Notas su energía, sus sentimientos, te envuelven en una aureola de paz y diversión, una corriente eléctrica recorre tu cuerpo, en cualquier momento podrías estallar a reír o llorar, te absorben de tal modo que a veces se te olvida respirar.

Son animales poderosos, algunos ejemplares superaban ampliamente los 4 metros, de un aletazo podrían partirte en dos, pero no hay miedo, sabes que jamás lo harían, es más, todo lo contrario, no tengo la más mínima duda que ante un peligro serian una ayuda.

En un momento dado me he dado la vuelta buscando la cámara oculta, pensando que aquello era una broma y se trataba de delfines entrenados, pero la única cámara que había allí era la mía, estaba sólo, con ellos, en mar abierto (el barco se mantenía a una distancia prudencial para no interferir).

El punto álgido del juego ha venido cuando me he cogido de la aleta de uno y ha empezado a remolcarme, ha sido lo suficientemente listo como para saber que no tenía que ir hacia el fondo, pero le costaba controlar su fuerza, nadaba despacio unos metros y luego alcanzaba tal velocidad que me era imposible sujetarme, tal vez esa era su forma de divertirse, a costa mía, demostrando que era una criatura tan torpe que no podía seguirlo ni aún agarrado a él.

Se ve que les ha hecho gracia, porque luego varios alternaban la posición panza arriba, para que les acariciara, con aproximar su lomo para que me agarrara y salir nadando. También he probado con dos a la vez, rápidamente lo han captado y me han dado un corto paseo.

No sé cuánto tiempo he estado con ellos, perdí la noción, y habría estado más todavía, pero Jose Carlos se acercó con el barco para pedirme que cambiáramos, como es lógico él y Hugo también querían zambullirse, visto que estaban tan sociables.

Antes de dejarlos me he despedido, con caricias y hasta con abrazos, que han aceptado inmóviles, se diría que me entendían en todo momento. Cogido a ellos parecía que estábamos bailando, la danza de la despedida…

Desde el timón los veía retozar y jugar como yo lo había estado haciendo, con envidia, porque hubiese deseado estar en el agua, pero feliz de que mis amigos compartieran la experiencia.

Cuando Jose Carlos ha subido al barco no podía ni hablar, su mirada perdida indicaba el grado de conexión y sentimientos que le habían hecho aflorar. Hugo estaba extasiado, para él era una novedad, tanto ver delfines desde tan cerca, como nadar con ellos, no es una mala forma de conocerlos.

Se hacía tarde y todavía teníamos que encontrar un lugar adecuado para fondear y pasar la noche, tras un buen rato lo hemos conseguido. Da miedo, porque estamos muy cerca de la rompiente, pero estamos a sotavento y aunque bornearamos no llegaríamos a tocar, la profundidad se mantiene hasta el arrecife. Lo único que el tenedero es muy malo (roca), si sube el viento tendremos que salir a toda velocidad.

Nuestros amigos nos han seguido durante casi todo el trayecto, y ahora mismo, mientras os escribo en la noche, desde mi camarote con la escotilla abierta, de vez en cuando los oigo resoplar, ¿nos estarán esperando para seguir jugando mañana? Pues si es así se van a enterar, porque no pienso separarme de ellos en todo el día.

Los planes son zarpar antes de que anochezca, nos quedan 260 millas hasta Fatu Hiva, la isla más al Sur de las Marquesas, en un par de días estaríamos allí.

Sed felices.

Kike

PD: la mala noticias es que Reme no estaba, le habrá sido imposible seguirnos en alguna de las planeadas, ojalá encuentre una buena ballena o tiburón que la trate bien.

13 Comments

  • Estas viviendo una experiencia unica en la vida. Con tantas cosas tan maravillosas que te ocurren, ¿puedes dormir por las noches?, porque yo creo que no podria.

  • Kike, que maravilla,eso es una experiencia unica pues son delfines salvajes y no todos pueden tener ese contacto en pleno oceano. Que tengais un viento favorable y buena mar. Besos.

  • ¿Eran machos ó hembras … ? Es un sueño. A veces dudo si mezclas realidad y ficción, de las maravillas que nos cuentas. Me recuerdas a las películas que veía cuando era pezqueñin, en este caso la película se llamaría : Flipper y los lobos de mar. Que los vientos y la mar os acompañen. Muchos abrazos, Hermanos.

  • Qué bueno! Parece increíble que después de tanto tiempo sigáis viviendo experiencias nuevas cada día tan sorprendentes como el primero

  • Primo, al igual que los «compañeros» del blog, me sumo a sus sensaciones al leer tus relatos de esta fantastica aventura.
    NOTA: Que tengan cuidadin los delfines con tanto «roce», que estais muy cargados de… sensibilidad…

  • Para aquellos incredulos de las bonitas historias que nos cuenta Kike, os voy a copiar lo que Jose Carlos nos escribió ayer
    “Hola besitos a todos desde la isla de Pukapuka, en las Tuamotu, es decir en medio de la nada o donde Cristo perdió los clavos. Es un pequeño atolón de coral, lleno de cocoteros como tantos otros por aquí. Lo increíble ha sido que hemos estado nadando con los delfines toda la tarde de una forma que nunca antes había experimentado.
    Ha sido una de las experiencias mas intensas de mi vida, al principio pasaban cerca de mi curioseando, y si iba hacia ellos se alejaban, entonces me quede quieto, sin intención y uno de ellos se puso delante de mi como preguntando «¿y tu quien eres?».
    Comencé a acariciar tímidamente su piel, tan suave como la nuestra y pronto estaba boca arriba como un gato ronroneando buscando mis caricias por todo su cuerpo. Después llegó toda la familia rodeándome y diciéndome sin palabras «eh, que nosotros también queremos”. Me dejaron nadar cogido a sus aletas dorsales arrastrándome por el fondo turquesa hasta que tenía que salir a respirar. Tienen esa energía pura de los niños que no se cansan de jugar, y una inteligencia muy superior a ningún otro animal. Saben leer perfectamente tus emociones y también expresar las suyas, todo a un nivel de vibración muy elevado, mucho más que la mayoría de los humanos. También tienen un lenguaje de sonidos agudos, que no son meros gruñidos ya que uno puede diferenciar como repiten algunas de sus «palabras”, o como si cada uno tuviera un nombre diferenciado. Por un tiempo, llegue a olvidarme de todo y a desear no volver al barco, desee que mis manos y pies se hicieran aletas y vivir para siempre en ese paraíso azul sin límites ni conceptos donde cada momento es eterno”.
    La verdad es que estais superando vuestros propios objetivos. Suerte¡¡ seguid así. Ana

  • Me emociona leer tus lineas Kike, conozco personalmente polinesia y no hay día que no venga a mi mente los recuerdos de las islas y atolones, recuerdos y lugares dificil de transmitir al resto de la gente, pues la realidad vivida supera con creces cualquier expectativa, la virginidad de la naturaleza es tan maravillosa que cuesta encontrar verbos que la describa. Por ello, siento envidia mas que sana, y os recomiendo que disfruteis cada momento intensamente, pues vuestra experiencia no la olvidareis jamás.
    Un abrazo a todos y que tengais un resto de viaje extraordinario.
    ¡¡¡¡¡MUCHA SUERTE!!!!!!

  • Madre mía, cada día vivís experiencias, más intensas, si cabe, que las del día anterior. Sinceramente, no os imagino acabando vuestra Aventura y volviendo a nuestra vulgar «civilización». Si todas vuestras vivencias me dan envidia, no os imagináis hasta que punto me la da esta en particular. El nadar con delfines es uno de mis sueños eternos y lo he podido cumplir en dos ocasiones. Pero con tantos, nunca. La verdad es que es una Aventura extraordinaria y con vuestro blog nos sentimos un pedacito de ella. Muchas gracias!!

  • Este relato es poético… Si, deben ser seres superiores emocionalmente, por ello te han enamorado y marcado un antes y un después de cara a tu vitalidad. Cuando, un día, dejes de vivir aventuras extremas, recordarás que hubo un lugar en el mar… Mi cumpleaños fue el día 25. Un regalo ha sido leer este parte.

  • Hola a todos los seguidores del blog,

    El observar y nadar con cetáceos salvajes es una experiencia intensa e inolvidable, tal como ha comentado Kike. Si bien quiero mencionaros que en España existe un Real Decreto de Protección de Cetáceos (BOE 12 de enero de 2008) en el que se regula la práctica de avistamiento de cetáceos en mar abierto. En él se obliga a las embarcaciones a mantenerse a una distancia mínima de 60 metros al animal o grupo. No pudiendo cortarles el avance ni la retaguradia en un rango de 30º a cada banda de su rumbo. El avistamiento no debe superar los 30 minutos, y se debe evitar el hacerlo con varias embarcaciones a la vez. Asimismo prohibe explicitamente el bañarse con los mismos, alimentarlos, tocarlos, etc.

    De esto modo, lo mejor es no atosigarlos, y esperar navegando en paralelo a velocidad moderada, a ver si ellos deciden de motu propio acercarse a nosotros, cosa que suelen hacer para deleitarnos.
    En el caso de encontrarnos en el agua en las proximidades de un grupo de ellos, nunca perseguirlos. El comportamiento que han tenido ellos es el ideal. Mantenerse en el agua y que sean ellos los que decidan si quieren interactuar. No olvidéis que se trata de animales salvajes, y bien por su actividad (alimentación, reproducción…) o por la presencia de crías en el grupo, en ocasiones van a querer no ser molestados por intrusos bípedos. Un saludo

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